Mar. Nov 30th, 2021

MIGRANTES INCOMODOS

Por LIC. L. GABRIEL GAYOSSO BERMAN.

El crimen organizado, particularmente el narcotráfico, con sus múltiples variantes como el secuestro, el cobro de piso, los levantones, el secuestro exprés, las extorsiones, las ejecuciones y el reclutamiento de nuevos miembros, se nutre de individuos, hombres y mujeres, de las clases económicas más bajas.
Estas personas son ocupadas para las actividades de mayor riesgo y peligro, dado que su escasa o nula escolaridad, su alta necesidad de recursos económicos y su carencia de valores morales son idóneos para actividades como el halconeo, el sicariato, la cobranza, la vigilancia de las rutas de trasiego de drogas o bienes robados; a quienes se les remunera en efectivo o en especie, es decir con drogas.
Si bien, también se encuentran en sus filas a personas de clases media alta y alta, estos son utilizados para la actividad del narcomenudeo, ya que su escolaridad, presentación, nivel y espacios de convivencia permiten permear en círculos sociales donde la droga se paga bien.
Esta ilícita actividad tiene un historial plagado de innumerable participación de migrantes ilegales, particularmente centroamericanos y uno que otro suramericano.
Desde hace aproximadamente 15 años, la participación de las pandillas salvadoreñas, hondureñas y guatemaltecas, como la “Mara Salvatrucha”, la “MS13”, “Barrio 18”, entre otras; han cometido una infinita cantidad de ilícitos a todo lo largo de la ruta de migración.
Robo, en todas sus modalidades; homicidio, violaciones, lesiones, daño, y todo lo que usted se quiera imaginar, han sido cometidos por estos individuos, hombres y mujeres, que se internan de manera ilegal a nuestro país.
No existe registro alguno de cuanto son. Las Casas de los Migrantes, instituciones de apoyo y ayuda a quienes cruzan el territorio nacional para buscar el sueño americano, lugar de descanso para miles de ellos en todos estos años; tampoco tienen un registro fidedigno de cuantos y quienes son los migrantes que han pasado por sus instalaciones. Ellos, las Casas de Migrantes, también han sufrido de las atrocidades que estos individuos cometen.
Aún más grave. Grupos de la delincuencia organizada, los llamados carteles, han contratado a desertores o militares dados de baja, particularmente del grupo de elite del ejército guatemalteco llamados “Kaibiles”, para que den instrucción militar a sus sicarios. Para lo cual les han creado campamentos de entrenamiento a todo lo largo y ancho de nuestro querido México. No lo digo yo, ahí están las notas de los medios de comunicación y los partes informativos de las corporaciones de seguridad federales, estatales y municipales que dan cuenta de ello.
Los Kaibiles en activo, han entrenado a miembros del ejército mexicano; en tanto que los desertores y los que han sido dado de baja, han entrenado a los sicarios de los Zetas, Cartel del Golfo, Cartel de Jalisco Nueva Generación y a otros más, en las técnicas más sangrientas del combate urbano y la guerra de guerrillas en los medios rurales y urbano.
Desgraciadamente nuestros cuerpos de seguridad no tienen la capacidad operativa, la capacitación y el armamento para combatir a estos sicarios.
Ahora bien. Los actuales migrantes, que algunos medios concentran en aproximadamente 7,000 personas, donde se encuentran mujeres; niños, de todas las edades; y muy particularmente varones de entre los 16 a los 45 años, han ingresado a nuestro territorio nacional, exigiendo su ingreso, ayuda, apoyos, transporte y alojamiento.
Han desperdiciado y destruido los alimentos, ropa, cobijas, y todo lo que se encuentran a su paso, con una total impunidad solapada por el gobierno federal, de los estados y municipios.
No se sabe cuántas de estas personas son delincuentes consumados, y cuantos, verdaderamente necesitan de ayuda humanitaria.
No se tienen registros de cuantos ingresaron, pues el Instituto Nacional de Migración no tiene el suficiente personal para realizar un censo; además, de que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, bajo el argumento de la violación de los derechos de los migrantes impide esta labor.
Ya conocemos de los enfrentamientos que han tenido a lo largo de su marcha. Ahora, en la ciudad de Tijuana, se han tenido problemas con sus habitantes. Pero, muchos migrantes se han quedado en el paso. Regados por las distintas entidades, sin control, sin regulación, sin que autoridad alguna conozca de su existencia, y sobre todo, sin medios para subsistir, que no sean la mendicidad o la ejecución de delitos.
Urge que, si desde el gobierno federal, entrante y saliente; no se han desarrollado políticas publica para controlar esta situación, los gobierno estatales y municipales, tomen cartas en el asunto.
No se trata de cuestiones políticas o partidistas. No se trata de popularidad o de conseguir más votantes; no se trata de ser humanitarios y solidarios. Se trata de respeto al marco jurídico, a la sana convivencia, acciones de seguridad pública y hasta de seguridad nacional.
Ya dejemos de ser tan tolerantes, laxos, lelos, y pongámonos las pilas para dejar sentadas las bases de control de este fenómeno social, que si no, en fechas muy próximas nos estaremos arrepintiendo de no haber hecho algo, de no exigir a nuestras autoridades que cumplan con su responsabilidad y obligación. 

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