Vie. Sep 30th, 2022

LA CLASE DOMÍNANTE SIEMPRE SERÁ LA CLASE DOMINADA

clase dominante

Dentro del universo de los estudiantes, siempre ha habido analfabetos, pero la
incultura y la ignorancia, siempre se habían vivido como una vergüenza, Nunca como
ahora la gente había presumido de no haber leído un libro en su vida. De no importarle
nada que pueda oler levemente a cultura. O que exija una inteligencia mínimamente
superior a la del primate. Los analfabetos de hoy son los peores porque en la mayoría
de los casos, han tenido acceso a la educación. Saben leer y escribir pero no ejerce.

Cada día son más y cada dio es el mercado los cuida más y piensa más en ellos. La
televisión cada vez se hace más a su medida. Las programaciones de los de los
distintos canales compiten en ofrecer programas pensados para una gente que no lee,
que no entiende, que pasa de la cultura, que quiere que le diviertan o que la
distraigan, aunque sea con los crímenes más brutales o con los más sucios trapos de
portera. El mundo entero se está creando a la medida de esta nueva mayoría, amigos.
Todo es superficial, frívolo, elemental, primario, para que ellos puedan entenderlo y
digerirlo.

Esos son socialmente la nueva clase dominante, aunque siempre será la clase
dominada, precisamente por su analfabetismo y su incultura. La que impone su falta
de gusto y sus morbosas reglas. Y así nos va a los que no nos conformamos con tan
poco. A los que aspiramos a un poco más de profundidad. Un poquito más, hombre.
Un poquito más, un poquito más hombre. Cuando los hijos se descarrían. Cuando uno
de los hijos se aparta de los valores o se aleja del amor de la familia, no significa que
ese sea el final de todas sus grandes virtudes.

Tal vez tendríamos que centrarnos no en la desilusión que sentimos, sino en lo bueno
que vemos. Allí es donde está el potencial de crecer, y donde yace la esperanza.
Después de todo, ¿no quisiéramos ser vistos así por los demás? ¿Existe tal cosa como
una “familia perfecta”? Niños obedientes, padres súper pacientes, armonía continua
en el hogar —una dinámica con la que solo se puede soñar. En realidad todos tenemos
retos, tangibles o no, que rasgan la tela de nuestra familia, la cual se humedece con las
lágrimas que derramamos al ver a seres queridos tomar decisiones que destrozan
nuestro corazón. ¿Qué haremos cuando esto sucede?

Por cierto que no darnos por vencidos, perder la esperanza, ni agonizar, sino tratar de
ver las cosas a través de los ojos de Dios, ese Ser que nos creó y que nos ama
perfectamente, aun cuando no ama todo lo que hacemos. Él no solo ve lo que somos
hoy, sino lo que podemos llegar a ser. Él celebra lo bueno en Sus hijos, aguardando
pacientemente que lo reconozcamos en nosotros mismos. Cuando uno de los hijos se
aparta de los valores o se aleja del amor de la familia, no significa que ese sea el final
de todas sus grandes virtudes.

Tal vez tendríamos que centrarnos no en la desilusión que sentimos, sino en lo bueno
que vemos. Allí es donde está el potencial de crecer, y donde yace la esperanza.
Después de todo, ¿no quisiéramos ser vistos así por los demás? Un padre y su hijo se
distanciaron debido a marcadas diferencias entre ellos, pero, con el tiempo, el hombre
se dio cuenta de cuánto echaba de menos a su hijo —su creatividad y su buen sentido
del humor.

Fue allí cuando el padre comprendió que había juzgado apresuradamente al joven, y al
decidir nutrir el amor del uno por el otro en vez de sus desacuerdos, nació entre ellos
una nueva cercanía. A veces calificamos a un ser querido de “rebelde”, pero esa es una
categoría muy amplia en la que todos podríamos caber. Nadie es perfecto, y siempre
podemos mejorar. Si nos cuidamos de la rigidez, llevaremos vidas más apacibles, y así
podremos pacientemente dar paso a cambios positivos, en nosotros mismos y en los
demás.

La conciencia es una voz apacible. Hace unos 45 años, el escándalo de Watergate
resultó en la renuncia de un presidente de los Estados Unidos y sacudió a la nación
hasta sus fibras más íntimas “Esa experiencia, es la gran lección que aprendí”, dijo, “fue
que mi esperanza de evitar la posibilidad de una catástrofe tal en mi propia vida se
basara en nunca hacer excepciones, en someterme sin variar a los dictados de una
conciencia ética. El interrumpir la integridad personal, aun en actos de apariencia
irrelevantes, nos pone en peligro de perder por completo el beneficio y la protección de
la conciencia”.

Quizá pensemos que jamás caeremos en tal catastrófica falla de carácter, pero muchas
de esas cosas suceden de a poco, por ejemplo al comprometer la integridad. Nos
alejamos del peligro cuando a diario decidimos hacer lo que sabemos que es correcto. Y
por cierto que sabemos lo que es correcto. Todos tenemos, en lo profundo del alma, una
guía moral —una atracción innata a la pureza, la verdad y la bondad. A veces la
llamamos conciencia, la cual nos habla en un tono de voz apacible. La obediencia a esa
voz es lo que llamamos integridad. Sin embargo, tener integridad no equivale a vivir en
perfección y sin cometer errores. Nadie es perfecto y todos erramos.

Lo que sí quiere decir es que nos esforzaremos por nunca ir por la senda de la deshonestidad,
que nos centraremos en hacer el bien y en ayudar a quien lo necesite pues, citando a Todd
Christofferson, “una vida dedicada al servicio a los demás hace florecer la conciencia”. Si
prestamos atención, esa voz apacible puede ayudarnos a llevar una vida íntegra, conociendo y
haciendo lo correcto.

Esta lucha debe ser siempre hasta el final. El sendero de la vida no siempre es llano y
pintoresco. Los obstáculos, las encrucijadas y los baches son parte de todo trayecto.
Algunos son lo suficientemente pequeños como para poder evitarlos, o sencillos como
para hallarles una solución rápida, pero otras veces debemos ajustarnos los cinturones
y transitar por ellos. Un conocido poeta lo expresó de este modo: Al enfrentarnos a un
problema, hagámoslo siempre de frente; con la cabeza erguida y apretando bien los dientes.

Cuando sea en vano esquivarlo, prestemos un esfuerzo cabal; en pos del triunfo o de la
derrota, ¡luchemos hasta el final! A veces los problemas son inevitables y no tienen soluciones
fáciles. En tales casos, lo mejor que podemos hacer es seguir yendo en una dirección positiva.
Al transitar por caminos escabrosos, tal vez le ayude recordar los momentos en que hizo cosas
difíciles en el pasado —cuando superó desafíos, cuando halló alivió tras una prueba, o lidió con
personas, trabajos, o problemas que lo empujaron hasta sus límites.

Quizá el recordar cómo hizo frente a adversidades pasadas le dará confianza para hacerlo otra
vez. Mientras tanto, no olvide disfrutar el trayecto, aun cuando la vida presente impedimentos
y pesares. Recuerde que los obstáculos no definen su camino; más bien trate de ver las
bendiciones que aún tiene. Reconozca todo lo bueno que hay en usted y en otras personas, y
hasta es posible que halle formas de ayudar y alentar, lo cual servirá para allanar su propio
sendero. Más importante aún, ¡siga avanzando!

Hace miles de años, un profeta del Antiguo Testamento hizo esta promesa a quienes enfrentan
desafíos: “Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas;… correrán y no se cansarán;
caminarán y no se fatigarán”. En poco tiempo, la senda se allanará, y al no haberse dado por
vencido, verá que está más cerca de su anhelado destino.

¿Pensó alguna vez en el amor como un acto de valor? Amar con valor. A menudo parece
resultarnos más prudente cerrar el corazón, volvernos hacia nuestro interior, y evitar la
posibilidad de sufrir. El escritor británico C. S. Lewis escribió, “Amar nos hace vulnerables y
puede destrozarnos el corazón”. Para realmente amar a otra persona se requiere fe y
esperanza, ya que siempre se corre el riesgo de salir lacerados al exponer las debilidades,
preocupaciones y sueños personales. Allá por 1930, Gordon Hinckley y Marjorie Pay estaban
comprometidos para casarse.

A Gordon le inquietaba la responsabilidad que habría de contraer en medio de la gran
depresión económica, y decidió sincerarse con su prometida: “Quiero que sepas que apenas
tengo $150 ahorrados”, le dijo Marjorie respondió con optimismo: “¡Eso es magnífico! Yo solo
esperaba poder casarme, pero resulta que además de un esposo, ahora voy a tener $150”. Fue
un momento vulnerable, pero en vez de expresar temor y preocupación, Marjorie dio
muestras de valor, confianza, optimismo y hasta de buen humor; en otras palabras, expresó
amor.

Gordon y Marjorie se casaron y su bello matrimonio duró casi siete décadas. El amor da
sentido a la vida. Es lo que nos mantiene en pie cuando parecemos desfallecer; es lo que
queda cuando todo lo demás se acaba. El amor nunca se termina, sino que persiste y
prevalece. El amor vence todo como cristo ha vencido. Todos tenemos temores, inseguridades,
anhelos y sueños escondidos. Compartir esas cosas con otra persona es un acto sagrado. Así
que cuando alguien tiene el valor de darnos su corazón, debemos cobijarlo tiernamente en
ambas manos, con amor, bondad y respeto.

Sí, abrir el corazón es riesgoso, pero como bien lo saben todos cuantos han realmente amado,
bien vale la pena el riesgo. Entonces sigamos al Sol, aunque podemos hacerlo en cualquier
momento, el comienzo de un nuevo año parece darnos la oportunidad de reflexionar en
cuanto al pasado dejando atrás los errores cometidos, y de basarnos en los éxitos logrados al
mirar hacia el futuro con pleno optimismo. No hay razón para no creer que este año pueda ser
el mejor de todos. Cuando un espíritu positivo enciende metas realistas, su llama aviva
nuestros esfuerzos en pos de grandes logros.

Eso no significa que debamos esperar que este año que acaba de empezar vaya a ser perfecto;
nadie sabe lo que nos depara el futuro, pero sí podemos dar por sentado que éste, al igual que
otros años, tendrá altibajos. Habrá momentos de felicidad y dicha, y otros de pesar y temores.
¿Dónde podemos hallar el valor y la perspectiva para hacer frente a todas las cosas por venir?
Un buen ejemplo lo encontramos en el girasol. Esa vigorosa y radiante planta parece poder
brotar en terreno poco adecuado. Por alguna razón, las condiciones adversas no pueden
detener al girasol.

Pero eso no es todo; otra de las características de esa planta es que sus tiernos brotes siempre
siguen el recorrido del sol. Al comenzar el día, dan la cara hacia el este atraídos por los
primeros destellos de la luz solar, a la que siguen hasta que el astro rey se esconde en el oeste.
Durante la noche, se vuelven otra vez hacia el este, aguardando el amanecer y la repetición del
ciclo.

Así el girasol recibe la mayor cantidad posible de energía del sol durante todo el día. Podemos
dar comienzo a este año con la determinación de seguir al sol, de mirar hacia la luz, de centrar
nuestros esfuerzos en las cosas de mayor valor. Entonces, aunque nos enfrentemos a

circunstancias difíciles y a condiciones hostiles, podremos permitir que haya gozo en nuestra
alma —hoy y todos los demás días del año.

ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
E-Mail: ferdelafuenteg@gmail.com
Facebook: Fernando DelaFuente García
Twitter: @FerranFercho

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