COLOSIO.

COLOSIO.

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POR: RAUL JAIR CHAVEZ ARANDA*

Era 1994, tenía 16 años, sin duda sí buscaran en el diccionario la palabra rebeldía en ése momento aparecía mi foto y por definición mi nombre. Silvio Rodríguez y Neruda eran dos de mis aficiones más frecuentes –quizá detrás de la cerveza de la tiendita de Don Darío y los Alitas adquiridos de forma clandestina-. Vengo de una familia de clase media, de dos profesionistas que en base a esfuerzos pudieron educar a tres hijos en escuelas de paga, católicas por cierto. Eso no excluye, que formáramos nuestro propio criterio, nuestra propia cosmovisión. Era sí efectivamente 1994, la represión en aquella cárcel ubicada en la calle de Terrazas y Cuauhtémoc, hizo que muchos de sus “internos” optáramos por buscar la verdad, nuestra verdad, con una desesperación agustiniana. 1994 época del EZLN, encabezado por su Subcomandante, cargado de revolución y en mi caso de nostalgia. Todos somos Marcos, gritábamos. Todos efectivamente éramos Marcos. El partido en el poder, el PRI, tenía una severa crisis. El Presidente Salinas era cuestionado por sus cambios Neoliberales. Todos opinábamos. Los argumentos, a veces, carentes de sustento, eran escupidos por nuestras conciencias. 1994, y ya era Marzo; el día 6 para precisar. La Campaña Luis Donaldo Colosio, no despuntaba, parecía que Manuel Camacho, lo ensombrecía con sus apariciones mesiánicas. Ese Camacho, me parecía un oportunista. Era mi opinión opacada por la derecha más recalcitrante que habitaba en una escuela dirigida por el clero. El monumento a la Revolución, oscurecido por las incongruencias y autoritarismo del sistema, tenía un nuevo invitado; era Colosio, el que decía “que las buenas finanzas nacionales, se reflejen en buenas finanzas familiares”; era el Colosio, que hizo que los más insurrectos, nos identificáramos con su “México con hambre y con Sed de Justicia”. Cerca de una hora, escuchábamos aquellos chiquillos de 16 años, conceptos tan adelantados para su tiempo, como la separación del Partido con el Gobierno, conceptos tan futuristas, como que aquel PRI se ganara los votos con la gente, en las urnas. Sentí que estaba naciendo un candidato de la esperanza, un Salvador (con “ése” mayúscula de Allende). Pero como todo “Salvador” estaba destinado a su Lomas Taurinas. Y así fue, el país se paralizo, se enmudeció. Un cobarde que dijeron se llamaba Mario Aburto, mató la esperanza de un pueblo. El Canal oficial de Televisión se mostraba consternado: ¡Farsantes! , durante la campaña del candidato, hicieron una pésima cobertura, los reflectores, estaban con el Comisionado en Chiapas. Aún suena en mi cabeza, aquellas Lomas Taurinas entonadas por mi amigo David Soraiz; continua la tonada de ése trágico veintitrés. Era 1994, seguía siendo marzo, los muchachos Pensábamos, discutíamos, disentíamos.

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